lunes, 22 de marzo de 2010

Que no daría yo

Yo tambièn daría cualquier cosa por pasear la arena de una playa blanca y oir el suspiro del mar, como cantaba la Jurado. Y volver a ver a mi abuelo limpiando redes. Y a mi abuela encalando. Hay arrugas que surcan el tiempo para siempre, que quedan grabadas a fuego, momentos a los que quisiera volver de vez en cuando. Escapar de este paraiso sin sentido que es Roma. Huir y escuchar los gritos de mi madre. Y luego volver con la satisfacción de haber estado en casa. Hay aromas que de vez en cuando vuelven para visitarme. El olor de mi abuela:  una mezcla de lejía, redes y sal. El olor de Punta Umbría, a humedad y pinos. El olor de mi pueblo en mayo: a romería, flores y caballos. Procuro olvidarlos... pero vuelven siempre, como esas postales de una vespa roja y un casco verde, una lancha varada en la arena rodeada de pececitos muertos, el cuarto de la red con mi flotador en forma de tigre... Volver a casa es un concepto que está hecho de olores y sabores, del rumor de motores de barcos, de un puerto triste, de cantes populares, de arroz con habas y papas con choco.... Pero cuánto se echa de menos a kilómetros de distancia! Volver para recomenzar. Volver a la tierra de mi madre y mi hermana y mi tio y mi niño y salir corriendo poco después porque de minúscula que es te asfixia. Llena de voces altas y palabrejas espeluznantes, de casa blancas y de pura apariencia, de gente alegre, de mojama de atún, de pescado seco, comunmente conocido como ratitas, de vino peleón, de aceitunas en vinagre, de habas enzapatás, de dunas, de pinares, de una ofrenda floral y mariana en mayo, de atardeceres a las nueve de la noche, naranjas y lilas, de mares de plástico que dan vida a las fresas, de una fuente en el paseo cuadrao donde los viejos se sientan a escuchar la radio, de cervecitas interminables... Y todas esas postales no se olvidan. El pueblo se lleva dentro. Y me está entrando terror sólo de pensarlo.

2 comentarios:

Juani dijo...

Ah, qué de recuerdos, qué de vivencias,... Yo también rememoro olores. Paso por una tapia y me llega el olor de la madreselva que abuela la vieja tenía a la salida del corral, de sus amapolas, sus acelgas, del puchero de mi madre, de su piel... De tu madre espulgándome mientras me sujetaba la cabeza para que no me moviera y me tiraba del pelo mientras las vecinas pasaban por la puerta. Siempre recordarás tus raíces, aunque sean tristes...

PEDROHUELVA dijo...

bonitos recuerdos.

me he permitido vichear por aquí. Al leer Roma, sentí curiosidad.

Buon Natale